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¡Come!

>> 11.3.15


"Jesús les dijo: Yo soy el Pan de Vida, el que a mi viene, nunca tendrá hambre, y el que en mí cree, no tendrá sed jamás": Juan 6:35

Cuando un bebé nace, nace con hambre y por el resto de sus días, mientras tenga salud y vida, esa personita va crecer a ser un adulto que va a tener hambre siempre. Dios nos creó con hambre y sed para que entendamos lo que es esa necesidad tan profunda que nada puede saciar. Si tenemos hambre, aunque tengamos la mejor ropa y la mejor casa, no nos va a satisfacer nada más que sentarnos a comer. Si tenemos sed, aunque seamos las mujeres más exitosas, vamos a tener sed hasta que tomemos un vaso de agua.


Así es en nuestra vida espiritual, nacemos de nuevo, Dios nos da vida y tenemos hambre y sed de su Palabra. El problema es que a los Cristianos, muchas veces se nos olvida que esa continua hambre espiritual con la que comenzamos nuestra vida no puede ser saciada con nada más. No podemos sustituir nuestro alimento espiritual, que es la lectura de la Palabra y la oración, por absolutamente nada más. Nada va a satisfacernos, nada va a fortalecernos, nada va reanimarnos, nada va a sostenernos como la lectura regular de la Biblia y la oración privada.

Todas sabemos que lo primero que necesitamos para poner comida rica y saludable en nuestras mesas es la planeación. Es imposible tratar de alimentar a toda una familia sin pensarlo, sin tener planes específicos y horarios regulares. Lo mismo, es en nuestra vida espiritual. No podemos crecer fuertes, saludables, firmes, si no planeamos pasar tiempo con Dios en la Palabra y en oración cada día. Y así como nadie juzga a una mamá de ser legalista por planear sus comidas de la semana y tomarse el tiempo para cocinar comida rica y saludable, así deberíamos de dejar a un lado la idea de que tener tiempos fijos y un orden en nuestra lectura de la Biblia es legalismo. ¡De ninguna manera!

Leí alguna vez que sí,  leer la Biblia y orar es un deber del verdadero creyente. Pero es un deber como el deber que tiene el enfermo de muerte de tomar sus medicinas, es como el deber que tenemos de respirar, es como el deber que tiene un buzo de ponerse y de saber usar su tanque de oxigeno. Es como el deber que tiene el soldado de cargar sus armas, es como el deber que tiene el oso de buscar la miel, y el pez el agua que corre. Es un deber que nos da vida. 

En Deuteronomio 8:3 leemos que Dios afligió a su pueblo y lo hizo tener hambre y los sutentó con maná para que supieran que no solo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Dios. La Palabra de Dios, la Biblia que ha sido exhalada por el Espíritu Santo es nuestra vida hoy, es nuestro pan.

En la aflicción por la que estas pasando hoy, ¿estás comiendo del Pan de Vida? ¿estás bebiendo del agua eterna? ¿Con qué estás tratando de saciar el alma de tu alma?

Lee la Palabra y ora la Palabra. ¡Come! ¡Alímentate en el desierto y en los prados verdes! ¡Come hasta saciarte!

Algunas ideas prácticas:

1. Siéntate a comer a la misma hora y en el mismo lugar.  Ésto es, planea, aparta un tiempo cada día, en el mismo lugar y a la misma hora para leer la Biblia y orar. No, no es legalismo lo que te lleva a hacer ésto, es hambre y sed de Dios.

2. Lee. Lee. Lee. Lee un libro a la vez. No leas "en dónde caiga", no leas un poquitito de aquí y otro versículo allá. Lee, por ejemplo, un libro a la vez. Puedes empezar con el Nuevo Testamento y los Salmos. Lee. No tienes que entender todo de una vez, no te frustres con lo que no entiendas, ya lo volverás a leer y el Señor te irá dando el entendimiento para crecer. Lee. Lee.

3. Lee y ora lo que lees. La mejor manera de orar es orar lo que lees en la Biblia. Por ejemplo, el versículo con el que empieza este artículo, podrías orar diciendo, "Padre, tú nos invitas a través de tu Hijo Jesús a venir a ti cuando tenemos hambre y sed para ser saciados. Tú ves mi necesidad que es grande y te pido perdón porque he sido una necia y he tratado de llenar mi alma, mi vida con cosas que me dejan más vacia y desolada. Perdóname por no venir a ti, a tu Palabra a comer. Perdóname porque he rechazado la invitación de Jesús. Gracias por que tú me recibes por los méritos de Jesús a tu mesa. Ayúdame, Señor, a tener la disciplina de venir cada día a tu Palabra y a ti en oración. Fortaléceme  a medida que como de las Palabras que salen de tu boca. En el nombre de Jesús. Amén".

4. Lee y luego medita durante el día sobre lo que leíste. Una idea muy práctica es que puedes tener una libretita (pequeña, que sea muy fácil de llevar siempre contigo), ahí anota cada día alguno (o algunos) de los versículos que leíste esa mañana y sobre los cuales quieres meditar durante el día. Cada vez que tengas dos minutos, o que empieces a afanarte, o que tengas miedo, o que seas tentada, o que vayas a checar las redes sociales en tu teléfono, saca tu libretita, y lee y ora ese pasaje otra vez. Y así, al final del día, después de haber ido a ese pasaje varias veces durante el día vas haber probado que buena es la Palabra de Dios. ¡Cuán dulces son sus palabras a nuestra alma!  Otro beneficio de éste método sencillo es que si eres fiel, es que pronto vas a darte cuenta de que te sabes versículos de memoria que vas a poder traer a memoria cuando los necesites.

5. No te desesperes. ¡Come! Hoy la mayoría de mis hijos son adultos (inclusive unos de ellos está casado), y cuando los veo, me preguntó (como toda mamá), ¿en qué momento crecieron tanto? Es verdad, yo les dí de comer todos los días sin faltar uno de ellos. Les dí cosas muy ricas y muy nutritivas la mayoría de las veces, pero también hubieron días de comida rápida, de algo más sencillo. No siempre les gustó mi comida y no siempre se querían sentar a la mesa cuando los llamaba a venir. Pero al final venían y comían. Al final del día, la disciplina de tener una misma hora y un mismo lugar y un mismo ritmo hizo que sus cuerpos crecieran fuertes y saludables. Recuerda este principio, a lo mejor en una semana no quieres seguir leyendo, no ves "el cambio", o no te gusta la disciplina, o no entiendes todo lo que lees, no te desesperes. El alimento espiritual, como el alimento físico, siempre hace su obra. ¿Recuerdas todo lo que comiste ayer, hace una semana, hace un mes, hace un año, hace seis años? Seguramente que no. Pero si estás viva hoy es porque no has dejado de comer y la comida -toda ella, cada bocado- te ha fortalecido y sostenido. Lee tu Biblia. Ora la Biblia. ¡Come!

"Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, ya obsequiar porciones, y a gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado." Nehemías 8:12

Gracia sobre gracia,

Becky

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