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El Matrimonio Existe Para Dar Gloria a Dios

>> 11.2.11

 El viernes es para tomar un cafecito con una buena amiga, y es por eso que hoy nuestra amiga Sylvia, es nuestra invitada y nos comparte en el mes del amor acerca del matrimonio. 

Gracias Sylvia.



Cuando recibí la invitación para escribir lo que dice la Biblia acerca del matrimonio, no dude en aceptar, y pensé: que tan difícil puede ser el explicarel versículo de Génesis 2:24 donde dice
 
“Por tanto, dejara el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne?"

Nunca imagine cuanto iba a aprender. Un sinfín de pensamientos vino en mi mente. No podía dejar de pensar en cada uno de los momentos por los que hemos pasado durante estos dieciséis años mi esposo y yo.

Me llevaría una eternidad tratar de relatar cada una de nuestras vivencias, muchas de ellas han llenado nuestras vidas de alegría, y otras no tanto, podría decir que nuestro matrimonio ha sido forjado en el horno de la vida.

Sin embargo, algo que quedo muy claro en mi corazón, mente y espíritu es que volvería a decir: Sí, te acepto como mi esposo.

El escribir sobre el matrimonio es un tema apasionante, porque en el podemos entender lo que significa amar, como Dios lo estipulo en su palabra.

Estamos viviendo tiempos, donde el matrimonio es considerado como un artículo desechable donde cada vez, es más difícil encontrarlo.

Ante esto, nos damos cuenta que existe un gran abismo entre la visión bíblica del matrimonio y el concepto humano. Sabemos cómo creyentes en Cristo, que el mundo no puede saber lo que es el matrimonio sin aprenderlo de Dios.

Por más conocimiento que el ser humano tenga, nunca tendrá la capacidad de entender el concepto del matrimonio tal y como Dios lo ha diseñado. Ante esto, nuestro matrimonio juega un papel muy importante ante los ojos de los no creyentes, ya que nuestro matrimonio es el testimonio de la relación entre Cristo y su novia, su Iglesia.

Veamos lo que dice la Biblia sobre el matrimonio en Génesis 2: 18-25,

“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre este solo: le haré ayuda idónea para él. Jehová Dios formo, pues de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que las viese como las había de llamar; y todo lo que Adán llamo a los animales vivientes, ese es su nombre. Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se hallo ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras este dormía, tomo una de sus costillas, y cerro la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomo del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; esta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejara el hombre a su padres y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban."

Ninguna de las criaturas que Dios creo, reunía las condiciones para ser la pareja de Adán. Tenía que ser de su misma esencia, un ser semejante, hecho a la imagen de Dios.

Aquí no estamos hablando de encontrar una persona perfecta, sin defectos o que sea compatible en todas las áreas de nuestras vidas. Sencillamente, esto no es el plan de Dios.

El matrimonio está diseñado para mostrar la gloria de Dios, de una manera en que ningún otro acontecimiento o institución pueda hacerlo.

En Efesios 5:31-31 dice

“Por esto dejara el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto a Cristo y de la Iglesia.”

El apóstol Pablo nos recuerda el plan divino para el matrimonio que Dios instituyo en la creación, al recalcar su permanencia y unidad. La unión matrimonial es íntima e inquebrantable.

“El matrimonio es un reflejo sagrado del misterio magnificente y hermoso de la unión entre el Mesías y su Iglesia”       John MacArthur

Lo más importante que podemos decir sobre el matrimonio, es que existe para la gloria de Dios. El matrimonio toma como modelo la relación del pacto de Cristo con su pueblo redimido, la Iglesia.

Por lo tanto, el significado más elevado y el propósito más importante del matrimonio es exhibir la relación del pacto de Cristo con su Iglesia.

Como creyentes en Cristo, nuestro matrimonio es un testimonio de la relación entre Cristo y su novia, su Iglesia. Nuestro matrimonio va a dar a conocer una verdad o una mentira acerca de esa relación.

“A veces puede existir un tiempo de doloroso distanciamiento y de trágica reincidencia de nuestra parte, pero Cristo guarda su pacto para siempre. El matrimonio muestra eso. El matrimonio exhibe la Iglesia del amor, fiel al pacto de Cristo.

El matrimonio no se trata principalmente de estar o permanecer enamorado. Se trata principalmente de decir la verdad con nuestras vidas. Se trata de reflejar algo verdadero acerca de Jesucristo y de la manera en que El se relaciono con su pueblo. Se trata de mostrar en la vida real la gloria del Evangelio” --John Piper, Pacto Matrimonial-.

Con esto en mente, nos debemos de preguntar ¿qué es lo que nuestro matrimonio le está dando a conocer al mundo?

¿Qué es lo que está reflejando mi matrimonio? ¿Tenemos claro lo que significa este Pacto matrimonial?

No importa quienes seamos delante de los ojos de los demás, solamente la realidad de Cristo, trabajando en nuestras vidas, a través del matrimonio, mostrara la verdad de quiénes somos y en quien creemos.

En una de sus enseñanzas, Paul Washer, especifica que cuando uno se casa, tarde o temprano sale a la luz la persona que realmente eres. ¡Cuánta razón hay en sus palabras! Continua diciendo que cuando él estaba soltero, era muy espiritual, creía firmemente ser como Cristo, pero luego se caso y empezó a darse cuenta que tan lejos estaba de esa verdad.

Al casarnos con una persona, que es como nosotros: justificada, parcialmente santificada y todavía no glorificada, es lógico que la realidad de quienes somos va a salir a la luz.

El matrimonio es un llamamiento supremo por parte de Dios, para que pongamos nuestra vida al servicio de nuestros cónyuges. Este llamamiento es irrevocable.

Nuestro matrimonio no está basado en lo compatible que somos como pareja o que tanto nuestra pareja suple nuestras necesidades, o que bien me sienta al lado de esa persona.

A través del matrimonio, Dios nos permite vivir el llamamiento más importante de nuestras vidas. En este llamamiento vamos a tener la oportunidad de vivir una vida más profunda y significante  que jamás hayamos imaginado.

“Es más fácil perder nuestras vidas en el campo misionero, que hacerlo con la persona que estamos casados (Paul Washer).

En Mateo 16:24-25 podemos leer

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos. Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá, y todo el que pierda su vida por causa de mi, la hallara”.

¿Nadie de nosotros ha tenido que pasar por una experiencia de perder la vida por causa del evangelio, verdad?, pero si lo comparamos al estar casado, es esta nuestra oportunidad de experimentar esa misma situación, no es nada romántica, pero si es una forma de seguir a Cristo.

Otra escritura es la de Lucas 22:24-27 donde nos da una enseñanza de cómo podemos servir en nuestro matrimonio y dice:

“Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor. Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve. Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Más yo estoy entre vosotros como el que sirve”.

Una pregunta que tendríamos que hacernos: ¿Estamos dispuestos a tomar el papel de siervos dentro de nuestro matrimonio?

Alguien un día dijo: “Todos quieren ser llamados siervos de Dios, pero nadie quiere ser tratado como tal”.

El matrimonio nos da la oportunidad de servir y convertirnos en siervos de Cristo.

¿Cuándo fue la última vez que servimos a nuestra pareja, de tal manera que casi explotamos de alegría y gozo al hacerlo?

Muchas parejas se han decepcionado de su cónyuge, han llegado a pensar que se equivocaron al casarse con esa persona, pero en Juan 12:24-25, podemos leer que existe una manera de mejorar nuestros matrimonios día a día y es muriendo a nosotros mismos.

“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.
"El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.”

No hay que mirar por nuestros propios intereses, sino por lo de los demás, es otra exhortación que Pablo nos hace en Filipenses 2:3-4

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo;no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros."

Dios generalmente te lleva a una relación con alguien que no es compatible con nosotros, que es débil en las aéreas que nosotros somos fuertes. ¿Cuál es el propósito? Ser conformes a la imagen de Cristo, tal como lo leemos en Romanos 8:28-29

“Y sabemos que los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestino para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que el sea el primogénito entre muchos hermanos”.

Dentro del matrimonio aprendemos tres aspectos fundamentales para la vida del creyente: amor incondicional, misericordia y gracia.

Nos casamos con la persona que nos enseña a dar misericordia y a amarla incondicionalmente. Es el mejor medio que Dios usa para santificarnos. Si nos hubiéramos casado con la persona perfecta, no tendríamos la oportunidad de acudir a Dios por su Gracia. No debemos de olvidar que el propósito del matrimonio es conformarnos a la imagen de Cristo.

El matrimonio es como cuando ayunamos: saca lo que realmente somos. El ayuno hace que padezcas hambre y tu cuerpo te exige comida, pero al no recibirla empieza a comportarse de una manera poco agradable, ¿verdad? Y por lo tanto podemos estar algo irritables, de mal humor. Pero una vez que terminamos ese ayuno, podemos ver el beneficio. Asimismo, el peor de los matrimonios, puede traer el mejor de los beneficios: acudir día a día a la presencia de Dios y depender de su Gracia totalmente.

Cuando me case, me di cuenta que tan diferentes éramos mi esposo y yo. Un poco tarde para darme cuenta, ¿no creen? Podría decir que hasta llegue a pensar: ¿me equivoque?, pero después aprendí que Dios tenía un propósito. Cometemos un gran error en cuestionar a Dios, en vez de esperar pacientemente a que El nos dé a conocer su propósito. Hoy puedo decir que no, no me equivoque y que aun con todas las incompatibilidades que existen, Dios había escogido mi matrimonio para enseñarme a amar incondicionalmente y ser como Cristo. Cuesta mucho, pero mucho, pero me dio un esposo ideal para darme cuenta que la Gracia de Dios me es suficiente y que dependo solamente de Él.

Sylvia

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