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La Voluntad ¿de Quién?

>> 20.7.10

Mientras veía la tele con mi esposo la otra noche, en cada comercial que salía, note que lo que vendían, no era tanto el producto, sino una idea:

"Tú puedes escoger. ¡Puedes escoger porque lo mereces!"

Vivimos en esta sociedad  que ama ese "privilegio" o "derecho", de escoger. ¿Por qué? Porque nos da poder y el muy amado control.

Podemos escoger entre vida y muerte (con respecto al aborto), podemos escoger nuestra orientacion sexual, nuestro sexo, podemos escoger vernos mas jovenes, tener mejor cuerpo, el color de nuestro cabello, cuantos hijos queremos tener, escoger esposo, escoger quedarnos casados o divorciarnos, escoger iglesia, ¡escoger, escoger, escoger! y desgraciadamente, esta ideología de "escoger", entró a la iglesia desde hace muchos años y por muchos años fue debatida (Calvino, Wesley, Arminius,  y Poletmus, entre otros, abordaron el tema). Pero mucha de la gente que amaba el control más que a Dios, conservó esa manera de ver incluso con respecto a la salvación. Pronto se comenzó a enseñar que podemos, nosotros, siendo pecaminosos, escoger a ese Dios Santo o rechazarlo cuando queramos y podemos incluso convertir al Dios Santo en un mero recipiente de nuestros deseos, poniéndonos a nosotros mismos por encima de Su Soberanía y  creer que podemos decirle a ese Dios Supremo "no gracias, no quiero ser salvo", o " OK, te acepto."

Qué orgullo, qué blasfemia, y qué vergüenza pensar acerca de Dios de esa manera y aceptar la enseñanza (como yo la recibí por muchos años de mi vida) de que una de las cosas que Dios NO puede hacer es  "tocar la voluntad del hombre." Sin embargo, nadie me ha podido mostrar pruebas bíblicas que afirmen tal barbaridad.

Cada vez que Dios habla de la voluntad del hombre, Dios se refiere a ésta como esclava del pecado, incapaz de buscar a Dios, y siempre haciendo la voluntad del Diablo. Nada en nosotros por nosotros mismos jamás buscaría a Dios ni quisiera tener nada que ver con Él si no fuera por Su gracia para con nosotros, por abrir nuestros ojos cuando estabamos ciegos, por darnos arrepentimiento cuando estabamos MUERTOS (no enfermos) en nuestros delitos y pecados (Rom. 5:8-9). Por lo tanto, no podemos, como muertos, buscar a Dios. Y lo maravilloso es que aún, cuando yo estaba muerta en mis delitos y pecados, Él murio por mí y me dio vida SIN preguntarme, y simplemente me rescató.  No fue hasta que mis ojos fueron abiertos que comencé a desear las cosas santas y mi corazón, que era de piedra e incapaz de abrir mis ojos por sí mismo,  fue hecho de carne. Todo esto sin mi voluntad sino solamente la de Él...

Mi "libre" albedrío, como se enseña hoy en día no era tan "libre" como yo creía o fuí enseñada erroneamente. En cambio, esa voluntad era esclava del diablo y todo en mi estaba en contra de Dios. Nada en mi buscaba a Dios. Siempre fue Él quién me buscó y me encontró, no yo a Él.

¡Yo soy el recipiente de Su gracia, no Él de la mía! ¿Fue mi voluntad, o la de Él, por la cual soy salva?

Juan 1: 12- 13 dice,

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;
los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Dios hace lo que le place con lo que es suyo. Nuestra voluntad y nuestros deseos. "Porque es Dios que pone en mi el  QUERER como el HACER" (Fil. 2:13) y tiene misericordia del que Él quiere y endurece a quién Él quiere. (Rom. 9)

¿Es Dios injusto? ¿Quién eres tú para argumentar contra Dios? Las enseñanzas de la mayoría de las iglesias carismáticas de hoy y los anuncios de TV venden que tú te mereces lo bueno, lo excelente, y el mayor tiempo para tí; que tú puedes escoger. Pero, ¿qué dice la Biblia?

¡Tú te mereces la ira de Dios y nada más!

¡Tú te mereces nada más que el juicio de Dios!

Pero gracias a Él que esa ira fue satisfecha en Jesucristo por los suyos. Esa ira era necesario que fuera satisfecha para que nosotros pudieramos entrar delante de Dios a través de Jesús por Su propia sangre y tener acceso al Padre (Hebreos 9:25) No por nuestra elección, sino por la Suya, haciéndonos recipientes de Su gracia.

Todo, absolutamente todo es obra de Dios: mi salvación, mi arrepentimiento, Su perdón, el amarlo, el perseverar, el compartir de mi fe que tambien fue dada por Él, el entender su palabra, ¡TODO! Si yo quise amarlo un día, fue porque Él puso ese deseo en mi corazón.

¿Qué me merezco? Nada. Todo lo que tengo es extra mientras lo tenga a Él.

¿Escoger a Jesús? ¿Quién puede? La Biblia dice, no hay uno (Romanos 3), ni siquiera uno que busque a Dios. Él salva a los suyos y tiene misericordia de quien Él quiere (Romanos 9). Nos quita toda la sensacion de ese poder y control que tanto amamos, convirtiéndonos en personas que necesitan rogar por su misericordia, como el ciego:

Dios, ¡ten misericordia de mi!
¿Puede Dios mover la voluntad del hombre para salvarlo?  Leélo por ti misma...Romanos 9

Proverbios 21:1 

"Como los repartimientos de las aguas,
    Así está el corazón del rey en la mano de Jehová;
    A todo lo que quiere lo inclina"


Norma

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